sábado, 21 de enero de 2017

La Capilla de Laforja

Capilla de La Merced
Calle Laforja, 21 - Barcelona
Nuevos horario de Misas: domingos a las 10,30 h.

Si hay un emblema de la Tradición en España es la minúscula capilla de Nuestra Señora de la Merced, de calle Laforja nº 21, en la ciudad de Barcelona.

Muchos años antes del pontificado del Papa Benedicto XVI y del motu proprio Summorum Pontificum, llegué a Barcelona, procedente de la otra punta del país, una tarde de diario, buscando respuestas. He asistido a Misas muy solemnes, pero jamás podré olvidar mi primera Misa tradicional, sencilla y rezada, cuando el anciano Padre Mariné, campeón de la Liturgia tradicional, salió de la sacristía, revestido como se reviste un sacerdote romano, y ayudado por un acólito casi tan anciano como él, se inclinó profundamente y comenzó a recitar las preces al pie del altar. Yo supe que había llegado a mi casa.

La Capilla de Laforja es un milagro. Una pequeña iglesia privada del siglo XVIII, en la que jamás se ha celebrado el Novus Ordo, y en la que nunca se ha interrumpido la celebración de la Liturgia tradicional. Los de Laforja eran unos rebeldes con causa, con respeto y hasta con gracia. En el portalón un cartel advertía que allí no se admitía a quien no reconociera al Santo Padre. Que aquella capilla estaba dedicada a la Liturgia tradicional. Y que cualquier sacerdote en situación regular que exhibiera el celebret, podía oficiar.

Y allí gente muy devota. Acogedora. Y la mejor mezcla que te puedas imaginar, señoras de Barcelona de toda la vida con sus velos, familias jóvenes, turistas católicos franceses o chinos. En algunas celebraciones, devotos de Monseñor Lefebvre, en otras no. Conviviendo, alternándose. Sin saber si te aparecía a celebrar el heroico Padre Muñoz, fundador del Oasis, o un presbítero del Instituto del Buen Pastor, o el televisivo Padre Apeles, un sacerdote por cierto con el que todos hemos sido bastante injustos. Se excedió en una época, pero nunca dijo esas barbaridades contra los dogmas y la doctrina que dicen otros a los que invitan a seminarios y  facultades de teología.

No diré que a los cardenales que se han sucedido en el arzobispado de Barcelona les haya entusiasmado Laforja. Pero la han tolerado. Hasta creo que con cierta simpatía. Por una sencilla razón, sabían, saben, que los curas que se alternan en Laforja son buenas personas, eclesiales, que viven su ministerio sacerdotal 24 horas. Que se arremangan donde haga falta. Sabían que, con ochenta años, el padre Mariné o el padre Muñoz se tiraban a la calle en sotana, en mitad de la noche, para dar una extremaunción. Sin importarles su integridad física. Que oficiaban el Novus Ordo también si los llamaban de cualquier parroquia, ya que no dejaban a nadie sin sacramentos. Y que los párrocos en cuya demarcación se ubica la capilla, adoraban a esa extraña familia bien avenida (a ratos), capaz de sacar a la calle en mitad de Barcelona el Santísimo Sacramento bajo un quitasol eucarístico, y hasta de tocarle la marcha real. 

Cuando al cardenal Jubany le calentaban la cabeza los miserables de turno para que arremetiera contra la capilla (en los tiempos de furia reformadora), hacía llamar a Mosén Mariné y ambos, con seny catalán, jugaban siempre al mismo juego. El cardenal salía al pasillo y reprendía al padre Mariné para que lo oyeran un par de curiales. Mariné se excusaba compungido. Y ambos sabían que por la tarde volvería a Laforja con su misal tridentino. También lo apreciaba el cardenal Sistach, que acudió al lecho de muerte del padre Mariné a bendecirlo.

Ahora han modificado el horario de Misas de la capilla y con gusto lo publico. Pero no me parece suficiente. Va siendo hora de reconocer el apostolado de la capilla, a los sacerdotes que han pasado por allí, también a seglares que han hecho mucho por la supervivencia de la Liturgia tradicional, como la dueña de la capilla (lamento no recordar el nombre, señora ¿Masaguer?), como Rodolfo Vargas, como el señor Rafael, como tantos otros, a los que hemos olvidado.

Apunto una idea a ver si alguien recoge el guante. A España la vendría bien una peregrinación tradicional, que nos uniera a todos. Y en vez de ir a los santuarios a los que va todo el mundo (que también vamos), estaría bien ir una vez al año, a agradecerle a la Santísima Virgen de la Merced, en su capilla de Laforja, las innumerables mercedes que nos ha concedido. Y pedirle que nos siga bendiciendo desde esa capilla.

La Capilla

1 comentario:

  1. Fui un domingo y me encantó. Se palpaba el misterio. Todo en su sitio: el celebrante, el mismo Cristo, sacerdote, víctima y altar; yo, con el misal de mi abuela, siguiendo devotamente la maravilla del amor de Dios que se desarrollaba delante de mis ojos. Qué unción, qué respeto, qué piedad! La liturgia celestial en la tierra. Cuándo podremos gozar de misas Vetus Ordo en días entre semana?

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